Llevo 14 cruceros. Y si me preguntas cuáles me cambiaron de verdad, no tengo que pensarlo mucho. Son tres.
El primero, en septiembre de 2021, porque me quitó un prejuicio de un plumazo. El segundo, en agosto de 2023, porque me enseñó que en un solo viaje cabían tres culturas. Y el tercero, hace apenas unas semanas, porque me recordó que incluso después de muchos cruceros todavía queda mucho por descubrir.
En este post te cuento los tres: qué pensaba antes, qué pasó en cada uno y qué aprendí. Y, sobre todo, qué te pueden enseñar a ti si llevas uno o dos cruceros y empiezas a pensar que todos se parecen.
¿Puede un crucero cambiar tu forma de viajar?
Sí. Y no porque el barco sea especial, sino porque a veces un viaje te obliga a mirar de otra manera.
A mí me pasó tres veces. Cada una de una forma distinta. La primera me cambió la idea de lo que era un crucero. La segunda, la idea de lo que se podía ver en uno. Y la tercera, la idea de para qué viajo.
¿Qué te enseña tu primer crucero?
A mí, que estaba equivocado.
Antes de mi primer crucero yo pensaba que era un viaje para jubilados. Aburrido. Todo dirigido. Un sitio para comer, beber y tumbarse. Vamos, que un crucero era como Benidorm, pero en el mar.
En septiembre de 2021 subí al MSC Grandiosa. Y aquel primer viaje me dio, literalmente, un zasca. Una colleja de las buenas.
El primer día recorrí el barco entero como Macaulay Culkin en «Solo en casa». Me leí el folleto, me estudié el mapa y al final del día sabía dónde estaba todo. Iba flipando con cada cosa: la galería central con su techo de LED gigante, el pub irlandés, el gimnasio luminoso…
Al segundo día, saliendo de Barcelona al atardecer, con una fiesta con DJ en cubierta, acabé hablando con una pareja de italianos. De la vida, de los cruceros, de crecimiento personal. Y ahí pensé: «Esto es lo mío».
Pero hubo algo más que me cambió la forma de verlo. Yo he trabajado en parques temáticos. Me encantan. Y conforme iba descubriendo el barco me di cuenta de algo: un crucero no se parece a Benidorm. Se parece mucho más a un parque temático. Por la logística, por todo lo que hay montado, por cómo está pensado cada detalle para que miles de personas vivan una experiencia.
Esa fue la primera lección: los cruceros no son Benidorm. Son mucho más.
¿Se puede ver mucho en un solo crucero?
Esto lo descubrí dos años después, en agosto de 2023.
Hice un crucero de diez días y nueve noches por el Mediterráneo oriental. Si no me falla la memoria, en el MSC Splendida. Salíamos de Estambul, y como era la ciudad que más queríamos ver, decidimos llegar antes y pasar allí cuatro o cinco días.
Estambul me impresionó muchísimo. Vimos de todo. Santa Sofía, la Mezquita Azul, la mezquita de Solimán, la Cisterna Basílica, la Torre de Gálata, el Gran Bazar, el palacio de Topkapi con las estancias privadas del sultán… Recorrimos el Bósforo, cruzamos a la parte asiática para verla y ver el atardecer desde allí, y vimos desde tierra la Torre de la Doncella. Hasta cenamos en el famoso restaurante de Salt Bae.
Lo que más me impresionó fue la luz. La luz sobre los edificios, la arquitectura, la cantidad de historia en cada esquina. Es un choque cultural, aunque sea la parte más europeizada de ese mundo. Una ciudad muy, muy bonita.
Y luego empezó el crucero. Kusadasi, Atenas, Katakolon, Corfú, Bari, Trieste… y creo que me dejo alguna parada.
Éfeso, la ciudad que no conocía. Desde Kusadasi fuimos a la antigua Éfeso. Y te confieso que no la tenía en el radar. Seguro que había oído hablar de ella, pero como un dato más. Y de repente estaba en una de las grandes ciudades del mundo romano, delante de un teatro inmenso, con capacidad para unas 25.000 personas. A mí, que me apasiona la historia romana, me dejó sin palabras. Fue un «wow, ¿cómo no conocía esto?».
Olimpia, donde no esperaba emocionarme. Desde Katakolon fuimos a la antigua Olimpia. Y fue de esos sitios que no esperas que te impresionen y te impresionan. Estar en el estadio donde nacieron los Juegos Olímpicos. Entender la idea con la que nacieron. Estar donde se enciende la llama antes de cada Olimpiada. Casi todo son ruinas, pero estaba muy bien preparado, con recreaciones en 3D, y lo recorrí maravillado.
Y en Atenas, en un solo día, vimos prácticamente todo lo importante. Yo ya había estado, y vi casi lo mismo. Igual de increíble.
El clic. Llegó hacia la tercera o la cuarta ciudad. Me paré a pensar en todo lo que llevábamos visto y fue: «Pero ¿cuánto hemos visto ya?».
Te cuento un pequeño secreto. Antes y durante los viajes me pongo vídeos de historia de los sitios que voy a visitar. Aunque coja guía, me gusta llegar sabiendo algo más, porque siempre descubro datos que me encantan.
En ese viaje descubrí uno que me voló la cabeza. Los famosos caballos dorados de la basílica de San Marcos, en Venecia, se los llevaron los venecianos del hipódromo de Constantinopla, la actual Estambul, durante una cruzada. Y ahí estaba yo, empezando el viaje en Estambul y terminándolo en Trieste, a un paso de Venecia, donde ya había estado. Era unir todo. Las tres culturas: la griega, la romana y la otomana. En diez días.
Esa fue la segunda lección. Para ver todo lo que vi en ese crucero, habría necesitado por lo menos seis o siete viajes distintos, a zonas completamente diferentes, y gastando bastante más dinero. Sí, en algunos sitios habría visto más. Algunos los quiero ver en tierra con calma, y a otros ya he vuelto. Pero en otros, con lo que vi, me bastó.
Un crucero no es solo un barco. Puede ser la forma más eficiente de descubrir el mundo.
¿Qué aporta un crucero cuando ya has hecho muchos?
Esto lo aprendí este octubre, en el Costa Favolosa, en mi crucero número 14.
Ya te lo he contado en otros posts. Fui a Noruega a cumplir un sueño que tenía desde pequeño: ver auroras boreales. Y las vi cinco noches seguidas. Fui solo. Me tomé el viaje como tiempo para mí.
Pero lo que más me cambió no fueron solo las auroras.
Fue explorar ciudades por mi cuenta, a mi ritmo, como hacía tiempo que no hacía. Y a la vez recorrer otros sitios con gente que dos semanas antes no conocía de nada. Personas completamente desconocidas que acabaron siendo amigos, o por lo menos muy buenos compañeros de viaje.
Fue ver paisajes que no se parecen a nada que haya visto antes. Y fue darme cuenta de que, después de 14 cruceros, todavía me quedaba muchísimo por descubrir.
Esa fue la tercera lección. Por muchos cruceros que hayas hecho, en cada viaje descubres algo distinto. Y casi siempre tiene que ver con las personas. En todos mis cruceros lo he confirmado: un barco es un sitio maravilloso para conocer gente de muchísimos países que, como tú, son viajeros.
¿Cómo aprovechar más las escalas de un crucero?
De estos tres viajes saco un consejo práctico que aplico siempre: llega sabiendo algo.
Antes de cada escala, mírate un vídeo de historia, lee un poco sobre el sitio. No hace falta ser un experto. Pero cuando llegas a Éfeso sabiendo lo que fue, o a Olimpia sabiendo lo que significa, no ves piedras. Ves una historia.
Y elige bien en qué ciudad quieres más tiempo. En el crucero de Estambul lo hicimos así: como era lo que más nos interesaba, llegamos días antes. El resto de escalas, en un día, nos dieron para ver lo más importante.
¿Por qué todos los cruceros parecen iguales al principio?
Porque al principio te fijas en el barco. Y los barcos, más o menos, se parecen.
Mi primer crucero me cambió la idea del barco. El segundo, la idea de lo que hay fuera del barco. Y el tercero, la idea de lo que pasa dentro de ti cuando viajas.
Si llevas uno o dos cruceros y sientes que el siguiente será igual, mi consejo es que cambies la pregunta. No te preguntes qué barco vas a coger. Pregúntate qué quieres vivir. Una ruta con historia. Un fenómeno natural. Un viaje solo. Un sitio que no está en tu radar.
Lo que cambia tu forma de viajar no es el barco. Es lo que eliges vivir con él.
En septiembre de 2021 subí a un barco convencido de que iba a aburrirme. Dos años después crucé tres culturas en diez días. Y este octubre me emocioné mirando el cielo en mitad del mar del Norte. Si el chaval que pensaba que los cruceros eran Benidorm hubiera sabido todo esto, habría subido mucho antes.
En resumen
¿Puede un crucero cambiar tu forma de viajar? Sí. A mí me pasó con tres: el primero, uno de muchas escalas y uno para cumplir un sueño.
¿Qué enseña el primer crucero? Que un crucero no es Benidorm. Por su logística y su experiencia, se parece más a un parque temático.
¿Se puede ver mucho en un solo crucero? Mucho. En diez días vi Estambul, Éfeso, Atenas, Olimpia, Corfú, Bari y Trieste. Para verlo por separado habría necesitado seis o siete viajes.
¿Qué aporta un crucero cuando ya has hecho muchos? Siempre hay algo nuevo, sobre todo las personas que conoces.
¿Cómo aprovechar más las escalas? Llega sabiendo algo de la historia del sitio y elige bien dónde quieres más tiempo.
¿Y a ti, qué viaje te cambió la forma de viajar?
Suscríbete y recibe cada post nuevo directo en tu correo.

