Escribo esto el 19 de octubre de 2026, el mismo día en que he bajado del barco en Hamburgo. Han sido 15 días de crucero por Noruega en el Costa Favolosa, y lo hice por una sola razón: ver auroras boreales. Las vi. No una noche, sino cinco seguidas, cada una más impresionante que la anterior.

Ha sido una maravillosa locura. Te lo cuento todo: cómo empezó la idea, cómo es ver auroras desde un barco, dónde ponerte, qué ropa llevar y qué pasa cuando el tiempo te cambia la ruta.

En este post no solo te hablo yo. A bordo entrevisté a cuatro personas con las que compartí el viaje: Charo, Miguel, Fernando e Isa. Ninguno de los cuatro había visto nunca una aurora, igual que yo. Y no todos las vivimos de la misma manera. Por eso me parece importante que leas también lo que me contaron ellos.

¿Se pueden ver auroras boreales desde un crucero?

Sí. Pero nadie te lo puede garantizar, y conviene tenerlo muy claro antes de reservar.

Las auroras dependen de dos cosas que no controla nadie. La primera, que el cielo esté despejado, y eso nunca se puede predecir con seguridad. La segunda, que haya actividad solar. Puedes ir en la mejor época, en la mejor ruta y en el mejor barco, y volver sin verlas.

Yo iba con la idea de que, con verlas una sola noche, ya sería afortunado. Y la previsión no ayudaba: el lunes que embarcamos en Hamburgo, el tiempo que marcaban para las dos semanas era malísimo, con nubes casi todos los días.

Al final las vimos cinco noches seguidas, a partir del jueves 8 de octubre, el primer día de navegación después de Bergen. La quinta noche ni subí a cubierta. Llevábamos cuatro noches seguidas de auroras y no me quedaba energía.

La paradoja fue Hammerfest. Era el día especial del viaje para ver auroras y fue el día que menos vimos. Estaba muy nublado y la probabilidad era muy baja. Aun así, hubo dos momentos, uno hacia las 21:00 y otro hacia las 00:00, en los que vimos algo, pero muy poco y con poca intensidad.

¿Y la época? En verano, olvídate: con el sol de medianoche no llega a anochecer. En octubre amanecía hacia las 8 o las 9 de la mañana y anochecía entre las 4 y las 6 de la tarde, así que había muchas horas de oscuridad para buscarlas. Para mí, es de las mejores épocas. En primavera también pueden verse, pero tendrás que mirar bien cuántas horas de luz y de noche hay en las fechas que elijas.

Un sueño de niño que estaba más cerca de lo que creía

Desde pequeño me encanta la naturaleza. Me encanta el monte, me encanta todo lo que tiene que ver con fenómenos naturales. Y ver una aurora boreal era uno de esos sueños que tienes desde niño y que, sin darte cuenta, colocas en la categoría de «algún día». Algo bonito, pero lejano. Algo para otra gente.

Eso cambió en agosto de 2025. Estaba en un crucero por los fiordos noruegos y, en Geiranger, el guía que teníamos nos contó que la primera aurora de su vida la había visto en agosto. En agosto, el mismo mes en el que estábamos nosotros, y allí mismo, en Geiranger, por debajo del círculo polar ártico.

Me quedé pensando. Si él la había visto allí, en esas fechas, quizá ver auroras no era tan imposible como yo creía. Estaba mucho más cerca de lo que pensaba.

Ese guía nos recomendó además una aplicación para seguir la previsión de auroras. Me la descargué y me la quedé. Todavía no sabía que un año después la iba a mirar decenas de veces al día.

El 1 de enero de 2026 hice mi panel de visualización para el año. Entre las fotos de viajes que puse, había una de auroras boreales. Unos meses más tarde, hacia mayo, vi que Costa tenía un crucero diseñado específicamente para ver auroras. No me lo pensé mucho. Ahí se tomó la decisión: quiero ir a ver auroras.

Quedaba una duda. Mi pareja decidió no venir por trabajo, para seguir avanzando con el negocio. Y yo estuve un tiempo con el «voy solo, no voy solo». Al final me lo dije claro: es lo que yo quiero, y voy a ir. Así que fui solo, en un camarote exterior con ventana.

Lo demás del viaje me apetecía, claro. Pero yo iba por las auroras. Y misión más que cumplida.

No era el único que iba con esa ilusión. Miguel llevaba muchísimo tiempo queriendo viajar al norte. Había intentado ir a Islandia cuatro o cinco veces y nunca había podido. Cuando apareció este crucero, lo tuvo claro: él venía a ver auroras. Charo ya conocía Noruega por un viaje anterior en autobús y barco, así que tampoco venía por el país. Me lo dijo sin rodeos: no quería morirse sin ver una aurora. Fernando venía por las auroras y por ver renos. Isa nunca había estado en Noruega y llevaba tiempo mirando este viaje.

Cinco personas, cinco historias distintas y el mismo objetivo.

¿Cómo se sabe que esa noche va a haber auroras?

La aplicación que me recomendó el guía de Geiranger se llama My Aurora Forecast en la App Store, aunque en el móvil aparece simplemente como «Aurora». Según nos contó él, es la que usa mucha gente en Noruega. La fui siguiendo durante todo el crucero.

Los primeros días no las tenía todas conmigo. Estaba todo muy nublado y yo daba por hecho que, como pronto, no veríamos nada hasta Hammerfest. Pero al salir de Bergen el tiempo cambió. El cielo se fue abriendo y la aplicación empezó a dar una previsión bastante alta para los días siguientes, por los vientos solares y las condiciones.

Esa noche, la primera de navegación después de Bergen, yo sabía que íbamos a verlas. Lo tenía claro. Eran las condiciones del cielo, casi sin nubes. Era la probabilidad que daba la aplicación. Y era también, no sé cómo explicarlo, una sensación.

Tanto es así que, cuando vi que empezaba a atardecer, bajé al camarote a abrigarme, porque hacía mucho frío, y subí a cubierta. El sol ya se había metido, pero todavía había mucha claridad. Esperé unos 20 minutos y decidí bajar a tomarme un café para calentarme mientras anochecía del todo.

Estaba tomando el café tranquilamente cuando miré por la ventana y vi que ya era bastante de noche. Y pensé: «Ya salen, ya salen».

Me puse de pie. Di dos pasos. Y en ese momento empezaron a anunciar por megafonía: «Aurora, aurora, aurora».

Subí un piso.

No sé muy bien cómo contarte lo que vi, así que te diré solo esto: mientras lo escribo, todavía me dan ganas de llorar. Fue un momento tan impresionante, tan bonito y tan especial que no se parece a nada que haya vivido en otro viaje.

Esto también es útil saberlo: en un barco así no tienes que pasarte la noche vigilando el cielo. Puedes estar cenando, en el teatro o tomando un café. Cuando aparecen, el barco lo anuncia y subes.

¿Desde qué parte del barco se ven mejor?

Salvo en Hammerfest, todas las auroras las vimos desde el barco, navegando.

Normalmente subíamos a la cubierta 9, en popa. Otras veces íbamos a las cubiertas 10, 11 o 12, sobre todo en proa o en el centro. Dependía mucho de hacia dónde fuera el barco en ese momento: si estaba saliendo de un fiordo o pasando un recodo, nos movíamos buscando el sitio desde donde se viera mejor el cielo.

Lo que más ayudó, con diferencia, fue algo que no me esperaba: en cuanto se daba el aviso de aurora, apagaban todas las luces de la parte de arriba del barco. Y muchas veces ya no las volvían a encender hasta el día siguiente.

Súmale cielos despejados, con todas las estrellas a la vista, en una zona de Noruega donde las ciudades son muy pequeñas, con muy pocos habitantes y casi sin contaminación lumínica. Si a eso le quitas la luz del barco, el resultado es brutal.

Hay otra ventaja de verlas desde un crucero que yo no había pensado: el barco se mueve. No va rápido, pero navega, y si en una zona está nublado, puede que unas millas más allá no lo esté. En tierra estás donde estás. En el barco, el cielo cambia contigo.

Isa vio la primera en mitad del mar, en la cubierta 3, entre el tumulto de gente que salió en cuanto lo anunciaron. Después aprendió a buscarlas más arriba, ella sola.

La noche más impresionante para mí fue una entre Narvik y Harstad. Te soy sincero: no recuerdo exactamente cuál, porque vimos muchas. Pero recuerdo perfectamente lo que vi. Las auroras eran enormes. Estaban justo encima de nosotros, cubrían casi todo el cielo y se movían, como si bailaran. Eso me impactó muchísimo.

¿Se ven igual a simple vista que en las fotos?

No para todo el mundo. Y esto es lo que más me sorprendió al hablar con los demás, porque yo las vi de una manera y no todos las vivieron igual.

Charo esperaba verlas a simple vista tal como salen en las fotos. Cuando no fue así, se quedó un poco chafada. Pero cuando vio el resultado en el móvil, flipó. Me dijo que le pareció mágico, que es algo de la naturaleza que no nos deberíamos cargar, de tan bonito como es. Le dio pena no verlo así con sus propios ojos, pero las fotos que consiguió Miguel le cumplieron el viaje al cien por cien.

Fernando me dijo algo muy parecido: le habría gustado verlas más nítidas a simple vista, pero con la cámara salieron imágenes increíbles.

Lo de Isa me hizo gracia. La primera noche no veía nada. Los demás las estaban viendo a través del móvil y ella no sabía que había que mirarlas así. Después le cogió el gusto: subir sola a las cubiertas de arriba en mitad de la noche, abrigada como una esquimal, a «cazar auroras», pendiente de cuándo se le iba el verde y cuándo el rojo. Para ella fue lo más gratificante del viaje.

Para Miguel, buena parte de la experiencia fue aprender. Entender cómo se observa una aurora, cómo esperar el momento adecuado y cómo sacarle partido a las mil fotos que acabas haciendo. Y cuando sale una de las grandes, de las bonitas de verdad, me lo describió así: es una experiencia casi religiosa. «Hay algo más». Te hace pensar de otra forma.

Yo hice todas las fotos con mi iPhone 13 Pro, que ya tiene cuatro o cinco años. Se notaba que el sensor perdía calidad. Los compañeros que llevaban modelos Pro más recientes sacaban imágenes impresionantes. Aun así, las mías salieron muy bien.

Mi conclusión: ve preparado para que lo que ves con tus ojos y lo que ves en la pantalla no siempre coincida. A veces las verás enormes y moviéndose sobre tu cabeza. Otras, el móvil te enseñará colores que tú apenas intuías. Las dos cosas forman parte de la experiencia.

¿Qué ropa hace falta para ver auroras desde la cubierta?

Más de la que crees. Y no exagero.

Estábamos por encima del círculo polar ártico. Aunque fuera octubre, a esas horas de la noche rondábamos los 0 grados todos los días, y algunas noches la aplicación del barco marcaba -1 o -2. En cubierta, con el viento frío del barco navegando, la sensación térmica era todavía peor. Aguantábamos apenas 20 minutos, media hora como mucho, y luego tocaba resguardarse. La tripulación repartía mantas.

Yo llevaba camiseta térmica, jersey, forro polar, abrigo, gorro, guantes y braga para el cuello. Y aun así costaba mantenerse.

Lo que no le puede faltar a nadie que haga este viaje:

  • Un buen plumas, y que corte el viento. En cubierta, el viento es lo que más castiga.

  • Ropa térmica debajo de todo.

  • Gorro y braga para el cuello.

  • Guantes que funcionen con pantallas táctiles. Parece una tontería, pero vas a querer hacer fotos, y con unos guantes normales tendrás que quitártelos cada vez. Con -2 grados y viento, no apetece.

¿Qué pasa si el temporal obliga a cambiar la ruta?

Esto también forma parte de un crucero por el norte, y nos tocó.

La ruta prevista era Hamburgo, Bergen, Narvik, Harstad, Hammerfest, Leknes (en las islas Lofoten), Bodø, Trondheim, Haugesund y vuelta a Hamburgo. La primera semana se cumplió tal cual. Todo cambió al llegar a Hammerfest.

Se acercaba un temporal fuerte. El barco anunció que había condiciones meteorológicas muy adversas. Yo, por curiosidad, lo miré en webs especializadas de olas, vientos y navegación, y la previsión hablaba literalmente de olas de 8 a 10 metros.

Se cancelaron Leknes y Bodø. Salimos de Hammerfest el lunes a las 4:30 de la madrugada, navegamos todo el lunes y el martes, y llegamos a Trondheim el martes por la noche. Pasamos allí dos noches en puerto: estuvimos todo el miércoles y el jueves hasta casi las 22:00. Después también se canceló Haugesund, y la parada de ese día fue Kristiansand. Un día más de navegación y, hoy, Hamburgo.

No a todos nos sentó igual. Miguel quería volver a Leknes y conocer las Lofoten con calma, porque solo las había visto de pasada en otro viaje, y se quedó sin ellas. Para Fernando, el cambio de ruta fue lo peor del viaje. Charo echó mucho de menos las cubiertas: le encanta salir a ver el atardecer, el amanecer y las llegadas y salidas de puerto, y muchos días estuvieron cerradas por el viento.

A mí no me importó. Prefiero cambiar el recorrido y estar en sitios diferentes, incluso en sitios nuevos, antes que pasarme dos días mareado por las olas y pasarlo mal.

Y Trondheim fue la gran sorpresa. Salí a pasear por la ciudad las dos noches que estuvimos en puerto y me pareció espectacular. Literalmente espectacular. Volveré, sin ninguna duda, para verla con más calma y conocer la zona.

¿Merece la pena un crucero de auroras si nadie garantiza que las vas a ver?

Para mí, sí. Pero con una condición: elige una ruta que también vayas a disfrutar de día, por lo que veas o por lo que vivas y compartas con la gente con la que viajas. Si las auroras no salen, el resto del viaje tiene que merecer la pena por sí solo.

En este crucero, los puertos merecieron la pena. Bergen ya la conocía y me volvió a parecer una ciudad que te deja con la boca abierta; repetiría para pasar allí más días. Narvik es pequeña y no tiene mucho que ver, pero me gustó mucho, y me quedé con las ganas de subir en el teleférico a la montaña, que estaba cerrado. En Harstad disfruté muchísimo el paseo.

Miguel también se quedó con Harstad: una caminata larga junto al mar hasta llegar a un museo y una iglesia, que le resultó muy relajante. Y con el museo de la guerra de Narvik, donde vio una máquina Enigma de verdad, pudo tocar un torpedo y entendió un poco mejor lo mal que lo pasaron allí los prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial. Isa eligió ese mismo camino junto al mar: no se esperaba ver tanto en un paseo tan fácil. Charo se quedó con Harstad por el paseo junto al fiordo, y Fernando, con Hammerfest.

La que menos me gustó a mí fue Kristiansand. Era bonita, pero era el último día, estábamos cansados y, después de la naturaleza del norte de Noruega, que es completamente diferente, me supo a menos.

Me quedo con un consejo de Charo, porque creo que resume bien todo esto. Antes de reservar, ten claro qué quieres ver. Si tu objetivo son las auroras, sabes a lo que vas, sabes que pueden no salir, y eliges una ruta que te compense igualmente. Así, cuando salgan, será un regalo enorme. Y si no salen, no habrás tirado el viaje.

Yo fui a cumplir un sueño de niño. Volví con cinco noches de auroras, una ciudad a la que quiero volver y una escena que no voy a olvidar: un café a medias, una ventana y alguien gritando «aurora» por megafonía justo cuando yo ya lo sabía.

En resumen

  • ¿Se ven auroras desde un crucero? Sí, si el cielo está despejado y hay actividad solar. Nosotros las vimos cinco noches seguidas, pero nadie lo garantiza.

  • ¿Qué época es mejor? Octubre funcionó muy bien, con muchas horas de noche. En verano no oscurece. En primavera es posible, pero revisa las horas de luz.

  • ¿Cómo te enteras a bordo? El barco las anuncia por megafonía. Para seguir la previsión, yo usé la aplicación My Aurora Forecast.

  • ¿Dónde ponerse? En las cubiertas altas, en popa o en proa según hacia dónde vaya el barco. Ayuda mucho que apaguen las luces de la parte de arriba.

  • ¿Se ven como en las fotos? No siempre. Algunas noches las ves enormes y moviéndose; otras, la cámara del móvil muestra más color que tus ojos.

  • ¿Qué ropa llevar? Capas térmicas, plumas cortavientos, gorro, braga para el cuello y guantes táctiles. Calcula temperaturas de alrededor de 0 grados por la noche, o menos.

  • ¿Y si el temporal cambia la ruta? Puede pasar. A nosotros nos cancelaron tres puertos y ganamos dos noches en Trondheim.

Gracias a Charo, Miguel, Fernando e Isa por contarme su experiencia.

¿Ver una aurora boreal está también en tu lista de sueños pendientes?


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