Hace dos días bajé del Costa Favolosa en Hamburgo. Han sido 15 días por Noruega, viajando solo, en un camarote exterior con ventana en la cubierta 2. Fui por las auroras, no por el barco. Pero en dos semanas un barco se convierte en tu casa, y acabas conociendo sus rincones, sus horarios, lo que funciona y lo que no.

En este post te cuento cómo es el Costa Favolosa por dentro: los camarotes, dónde comer, mis rincones favoritos, cómo se porta con mal tiempo, lo peor del barco y si repetiría.

Como en el post de las auroras, no te hablo solo yo. A bordo pregunté a cinco pasajeros qué les había parecido el barco. Charo y Miguel, que ya habían hecho varios cruceros con distintas navieras. Fernando, que vive en Málaga desde hace 25 años y lleva cinco cruceros. Isa, que hizo su primer crucero hacia 2004 por el Caribe y desde 2024 ya ha encadenado varios. Y Verónica, que ha perdido la cuenta de los cruceros que lleva y es Platino del Costa Club. No todos opinan lo mismo. Y eso, para elegir barco, vale oro.

¿Cómo es el Costa Favolosa?

Es un barco con años, y se nota. Yo ya lo sabía antes de subir, así que la primera impresión fue exactamente la que esperaba: antiguo y un poco hortera. Pero ni de lejos es el barco más hortera en el que he estado, así que bien.

Isa lo resumió todavía más claro: es un barco viejo, hortera, kitsch. Pero también me dijo que ha estado en su hermano, el Costa Pacifica, que es todavía más kitsch, y que allí también estuvo a gusto.

Lo que sí me llamó la atención es que había cosas ya renovadas. En el buffet habían cambiado las mesas y las sillas, y eran iguales que las del Costa Toscana. En algún salón principal habían puesto sofás nuevos y lo habían decorado especialmente para las auroras, con más luces.

Y esto es importante si estás pensando en reservarlo: cuando nos dejó en Hamburgo el día 19, el barco se iba directo a Rotterdam. Allí va a pasar 20 días en dique seco para cambiar un motor y renovar buena parte del barco. Así que el Favolosa que yo te cuento aquí probablemente no será exactamente el que encuentres tú.

Quince días solo en un barco con años

No elegí el Costa Favolosa. Elegí un crucero para ver auroras, y ese crucero lo hacía el Favolosa. Es una diferencia importante, porque cuando eliges así, el barco pasa a ser lo de menos… hasta que te subes.

Iba con dos dudas. La primera, que iba solo, y en un barco solo pasas mucho más tiempo contigo mismo y con el espacio que te rodea. La segunda, el camarote. Suelo preferir balcón, pero esta vez no lo cogí. En parte fue por disponibilidad, porque era lo que había. Y en parte porque sabía que, con el frío y el viento del norte, no iba a salir al balcón. No tenía claro que fuera a echarlo de menos.

No lo eché de menos.

Lo que encontré fue un refugio. Como viajaba solo, pasé mucho tiempo en el camarote. Tenía un escritorio grande para trabajar, y la ventana tenía un hueco tan amplio que me sentaba dentro, en el interior de la ventana, a trabajar mirando el mar. Para mí fue de los mejores momentos de cada día.

Y luego estaban mis rituales. Cada mañana bajaba a la cafetería de la cubierta 3 a las 7, cuando abrían. Me sentaba en un sofá tranquilo con un libro y me quedaba unos 40 o 45 minutos. El personal era súper majo. Era mi forma de empezar el día antes de que el barco se despertara.

Al final de los 15 días, el barco con años en el que no tenía muchas expectativas se había convertido en mi casa. Con sus defectos, que también te los cuento, pero mi casa.

¿Cómo son los camarotes exteriores con ventana del Costa Favolosa?

Grandes. Muy grandes.

El mío estaba en la cubierta 2, en el centro del barco. Tenía cama, sofá, escritorio y esa ventana enorme. Ya había estado en otros dos camarotes con ventana, los dos en MSC, y este es el más grande con diferencia. De hecho, por dentro era del tamaño de algunos de los mejores camarotes con balcón que he tenido, sin contar el balcón, claro.

No fui el único que se sorprendió. Otros pasajeros que iban en camarotes con ventana estaban igual de contentos.

Charo, por ejemplo, siempre había viajado en balcón, y este era su primer camarote con ventana. Le pareció espectacular. Me dijo que no había echado de menos el balcón en absoluto. Iba con un poco de miedo por ir en una de las cubiertas más bajas, por el movimiento, y le fue fenomenal.

Isa también destacó las ventanas: son muy grandes y dan al camarote mucha más amplitud. Y me dijo algo que no sabía antes de este viaje: para una ruta así, ahora prefiere ventana. En el balcón te lleva el viento, y con las tormentas que tuvimos, lo comprobó.

No noté ni ruido ni vibraciones en mi camarote. Verónica, en cambio, me habló de vibraciones en los camarotes de popa o de las cubiertas bajas, así que, si eres sensible a eso, ten en cuenta dónde reservas.

Y un consejo si te preocupa marearte: busca el centro del barco y de la mitad hacia abajo. Con el temporal, el barco se movía como se mueven todos, pero en mi camarote se notaba menos que en otras zonas. Charo me dijo lo mismo: en las cubiertas bajas se mueve menos.

¿Cuáles son los mejores rincones del barco?

Cada uno tiene los suyos. Estos son los míos.

La cafetería de la cubierta 3, a primera hora. Ya te lo he contado: a las 7 de la mañana, sofá, café y libro. Si te gusta empezar el día en calma, es el sitio.

La popa de la cubierta 9. Hay un bar al aire libre muy chulo, con un personal súper majo. Esta vez no lo disfruté tanto porque hacía frío, pero ver salir el barco del puerto desde ahí es genial.

La parte delantera de las cubiertas altas, la 12 y la 14. Por cierto, la 13 no existe en los barcos, pero eso te lo cuento otro día. Desde ahí se ve muy bien todo, y aunque hacía frío, no te pega el viento de golpe.

El paseo exterior de la cubierta 3. No da la vuelta completa al barco, pero recorre los dos lados y está muy bien. Isa también me dijo que le encantaban los paseos de la tercera planta.

El buffet de las cubiertas 9 y 10, fuera de horas. Cuando no era hora de comidas, buscaba una mesa pegada al cristal para trabajar viendo el mar.

Fernando tenía clara su zona favorita: la cubierta 5, que para él es la más bonita del barco. Ahí están la cafetería, la heladería, varias salas de espectáculos y la zona de juegos para quien viaja con niños, con la discoteca justo debajo. Me dijo que la 5 es «completa».

Y Charo tenía la suya, aunque apenas pudo disfrutarla. Lo que más le gusta de un barco es salir a cubierta a ver el atardecer, el amanecer, la llegada y la salida de puerto. Y hacerse esas fotos con el modelito del día que luego recuerdas. En este viaje, con el viento, muchos días cerraron las cubiertas exteriores. Lo echó mucho de menos.

¿Qué tal la comida y el entretenimiento?

Yo soy de los dos: buffet y restaurante. Si es para comer, muchas veces buffet. Si es para cenar, restaurante siempre. Y para desayunar suelo bajar al restaurante, aunque no me importa el buffet.

En el restaurante cambian la carta en cada comida. Tienes aperitivo, entrante, principal y postre, y de cada uno unas cuatro opciones, además de otros platos fijos. Variedad hay de sobra.

Del buffet me gusta otra cosa. No es por repetir: yo me sirvo una vez y ya está, pero miro bien y elijo. Me gusta porque vas combinando un poco de aquí y un poco de allá, como si te hicieras tu propio plato.

¿Y las aglomeraciones? Verónica me habló de masificación en el buffet: en horas punta, mucha dificultad para encontrar sitio y colas largas. Yo lo viví distinto. Sí, cuando abre el buffet van todos como locos y ahí hay aglomeración. Pero este buffet estaba muy bien organizado, con entre cuatro y seis zonas distintas que tenían casi lo mismo, y la gente se repartía bien. Mi truco: si abre a las 7 o a la 1, espera 15 minutos. Y aunque haya cola, se espera poco.

¿Algún plato que recuerde especialmente? No. En general, buena comida. Alguno esperaba que fuera mejor, pero por lo general bien.

Del entretenimiento, te soy sincero: esta vez solo fui una vez a un espectáculo. Últimamente no voy mucho. Pero hubo algo que me encantó: un guitarrista, Tyerre Peixoto, que tocaba solo, cantaba muy bien y tenía mucho flow. Muy, muy bueno.

Los demás sí aprovecharon más. Para Miguel, lo más emblemático del barco fueron ciertas actuaciones en el teatro, de esas que no sueles ver. Para él, la diversión en ese aspecto es muy importante. Fernando me dijo que el teatro es muy bonito, muy bien conseguido, y con actuaciones interesantes. Y Verónica destacó el equipo de animación, por su energía, los juegos, las clases de baile y las fiestas temáticas, además de los bares con música en directo y la discoteca.

El spa es otro tema en el que no coincidimos. Verónica lo destaca como uno de los puntos fuertes del barco, por sus amplias instalaciones. Yo fui un día, porque me lo habían regalado, y me sorprendió lo grande que es y lo bien ubicado que está. Pero no repetiría. Está muy antiguo y le fallan muchas cosas. Si en la renovación le hacen un buen lavado de cara, sí.

¿Cómo se comporta el Costa Favolosa con mal tiempo?

Tuvimos dos días seguidos de navegación por el temporal que nos obligó a cambiar la ruta, y se vivieron bien.

La mayoría de la gente del barco está acostumbrada a navegar y no le preocupaba. Un día se movió bastante más, pero nada impracticable. No era una de esas escenas de los reels de Instagram. Un día cómodo, con algo más de movimiento de lo normal, y ya está. El barco tenía muchas actividades para esos días.

Yo los aproveché para muchísimas cosas: leer, tomarme una cerveza con gente, estar tranquilo, trabajar y probar el spa. Me dieron para mucho.

¿Qué es lo peor del Costa Favolosa?

Para mí, dos cosas.

La primera, los horarios de comida por la noche. El buffet cerraba a las 9, y en el restaurante la última entrada era a las 9, así que acababas sobre las 10 o las 10:30. A partir de ahí, todo lo que había era de pago. Normalmente suele haber algo gratuito a las 10 o a las 11 para quien ha cenado pronto o le apetece picar algo. Aquí no, y me parece un error.

La segunda, más personal: me faltó un bar de cerveza como el que tiene el Costa Toscana.

Los demás también me dieron su lista:

Isa: las columnas del teatro, que no están pensadas con cabeza y quitan visibilidad, y la entrada al teatro. Los camarotes, muy anticuados. Y tener que subir a la cubierta 5 para poder ir hacia la parte de atrás del barco. Aun así, como ya conocía el Pacifica, sabía a lo que iba y no le molestó especialmente.

Fernando: los jacuzzis, descoloridos y pocos, y una piscina pequeña. Me dijo que, si en ese espacio pusieran una piscina más grande, el barco tendría otra vista. Para una ruta ártica va bien, pero para un destino de calor se queda corto.

Verónica: las colas del buffet en horas punta, los precios de internet y de las fotos, el ruido y las aglomeraciones en un barco con un ambiente muy italiano, las vibraciones en algunos camarotes y la desorganización en el embarque y el desembarque.

Fíjate que en algunas cosas no coincidimos. Lo que para Verónica es un buffet masificado, para mí es un buffet bien organizado si esperas 15 minutos. Por eso me gusta preguntar a varias personas: un barco no es igual para todos.

¿Merece la pena repetir en el Costa Favolosa?

Yo, sí. De hecho, me han hablado de un itinerario para el año que viene saliendo de Barcelona hacia Estados Unidos, Canadá y la República Dominicana que me parece muy interesante, y puede que caiga.

¿A quién se lo recomendaría? A todo el mundo, con dos matices. Si vas a un destino de calor, ten en cuenta que no tiene muchas piscinas. Tiene un tobogán, que obviamente con el frío no probamos. Y quizá tiene algo menos de actividades para niños, aunque cuenta con el Squok Club de Costa.

Las respuestas de los demás fueron más variadas:

Verónica repetirá en el futuro con el Favolosa y, en general, con Costa.

Isa repetiría sin problema. Sabe de qué va, lo que vale y la diferencia de precio con otros barcos. Pero, como ya lo conoce, la próxima vez le gustaría subir un escalón y probar el Costa Diadema, del que le han hablado muy bien.

Fernando repetiría cuando lo renueven. Le da curiosidad ver el resultado. Con Costa repetirá, de hecho: ya tiene otro crucero reservado. Y me dijo que, con buenos precios, repite con distintos barcos de la naviera.

Miguel fue el más claro: con este barco no repetiría, porque ya lo conoce y prefiere probar otro. Con Costa sí, siempre que le ofrezcan el crucero que él busca. Para él, primero va el viaje y después el barco.

Y creo que esa es la mejor forma de verlo. El Costa Favolosa no es el barco más nuevo ni el más moderno. Pero si la ruta es la que quieres hacer, es un barco en el que se está muy a gusto, con camarotes exteriores enormes, rincones tranquilos y una tripulación que, en general, te hace las cosas fáciles.

Mientras escribo esto, el Favolosa ya va camino de Rotterdam. Cuando salga del dique seco tendrá motor nuevo y buena parte del barco renovada. No sé si mi sofá de la cafetería de la cubierta 3 seguirá ahí. Ojalá sí. Fue mi sitio cada mañana durante 15 días, con un café, un libro y el mar del norte al otro lado del cristal.

En resumen

  • ¿Es un barco antiguo? Sí, tiene años y se nota en la decoración. Pero tiene zonas ya renovadas y ahora pasa 20 días en dique seco para una renovación más amplia.

  • ¿Cómo son los camarotes con ventana? Muy grandes, con ventanas amplias. Varios pasajeros que habían viajado siempre en balcón no lo echaron de menos.

  • ¿Dónde se nota menos el movimiento? En el centro del barco y en las cubiertas bajas.

  • ¿Hay aglomeraciones en el buffet? Al abrir, sí. Con varias zonas y esperando 15 minutos, se come sin problema.

  • ¿Qué es lo peor? Que por la noche no haya comida gratuita después del restaurante, un spa anticuado y pocas piscinas para destinos de calor.

  • ¿Para quién es? Para casi todo el mundo, sobre todo en rutas por el norte. Para destinos de calor o familias con niños, hay barcos mejor preparados.

Gracias a Charo, Miguel, Fernando, Isa y Verónica por contarme su experiencia.

¿Y tú, qué miras primero al elegir un crucero: la ruta o el barco?


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