Hace una semana bajé de un crucero de 15 días por Noruega en el que no tuve balcón. Viajé en un camarote exterior con ventana. Era mi tercer barco con ventana de los 14 cruceros que llevo, y hacía dos o tres años que no viajaba así. Y fue de las mejores decisiones del viaje. Esto, viniendo de alguien que en su primer crucero ya tuvo balcón y al que desde entonces le ha costado mucho bajar de ahí, tiene su miga.
En este post te cuento qué diferencia hay de verdad entre un balcón y una suite, cuándo merece la pena pagar cada uno, cuándo no, y en qué navieras una suite cambia el viaje por completo.
Antes, una advertencia sincera: nunca he dormido en una suite. He estado dentro de varias, de amigos, y he hablado con mucha gente que viaja así. Así que en esa parte te cuento lo que he visto y lo que me han contado, no lo que he vivido. En el balcón, en cambio, te hablo desde la experiencia.
¿Qué diferencia hay entre un camarote con balcón y una suite?
La respuesta corta: un balcón te cambia el camarote. Una suite, si está en la naviera adecuada, te cambia el viaje.
El balcón es un camarote estándar con una puerta que da a un pequeño espacio exterior privado. Sigues usando los mismos restaurantes, las mismas piscinas y los mismos servicios que el resto del barco. Lo que ganas es aire, luz y un trozo de mar solo para ti.
La suite es otra cosa. Es más grande, normalmente con zonas separadas para dormir y para estar, y viene con servicios añadidos: más detalles en el camarote, mayordomo en muchos casos y, en algunas navieras, acceso a zonas privadas del barco con su propio restaurante y su propia piscina.
Pero ojo: no todas las suites son iguales. Y aquí está la clave de todo este post.
Empecé por lo grande
Mi primer crucero fue en el MSC Grandiosa, por el Mediterráneo. Un barco moderno y muy bueno, que entonces tenía apenas dos o tres años. Y mi primer camarote tuvo balcón.
Todo el mundo me decía lo mismo: «Joder, has empezado por lo grande». Porque casi todo el mundo empieza por un interior.
Y tenían razón, aunque no por lo que pensaban. El problema de empezar por lo grande no es lo que pagas ese primer viaje. Es lo que te cuesta después bajar.
Aquella experiencia fue tan buena que, desde entonces, me ha costado coger incluso una habitación con ventana. Y a un interior me he negado siempre.
Ojo, no porque el interior sea malo. No lo es. Todo el mundo que va en interior va contento. De hecho, mucha gente que viaja muchísimo en crucero coge interior muchísimas veces: el camarote es para dormir y el barco es para vivirlo. Tiene toda la lógica.
Pero a mí me costó bajar de categoría. Básicamente.
Hasta este último crucero. En Noruega solo quedaban ventana o interior cuando reservé. Y la ventana fue perfecta. Con el frío que hacía, no habría salido al balcón ni un día. Y el camarote, en la cubierta 2 y en el centro del barco, era enorme. Por dentro, del tamaño de algunos de los mejores camarotes con balcón que he tenido.
Así que después de tantos cruceros he aprendido algo que debería haber sabido desde el principio: el mejor camarote no es siempre el más caro. Es el que encaja con el viaje que vas a hacer.
¿Merece la pena pagar un balcón en un crucero?
Para mí, en un destino cálido, sí. Sin dudarlo.
Te cuento por qué con el momento que más me gusta de un crucero. Levantarte por la mañana, abrir la puerta del balcón y salir, en pijama o como te pille, a ver el mar. Que lo primero que veas en el día sea el mar y te dé la brisa en la cara… Para mí no hay nada mejor. De veras, es maravilloso. Y en el Mediterráneo o en el Caribe lo puedes hacer casi todos los días.
He tenido también un par de cruceros con el balcón en la popa, en la parte de atrás del barco. Y ver la estela desde ahí, sobre todo en las salidas de puerto, es algo especial. Aunque te confieso que eso no me obsesiona: en las salidas suelo subirme a algún bar o cafetería con terraza en popa, y desde ahí lo disfruto igual.
Hay otra razón práctica de la que se habla poco: la ventilación. Todos los camarotes tienen su sistema de aire, pero no es lo mismo que abrir una puerta. Si vais tres o cuatro personas en el mismo camarote, yo recomiendo balcón. Una vez fuimos cuatro en un camarote con ventana, y las ventanas no se abren. No lo vamos a negar: aquello acabó oliendo un poquito a tigre.
¿Cuándo no merece la pena pagar el balcón?
Cuando hace frío o viento. Así de simple.
En el mar suele hacer más viento que en tierra. No siempre, pero muchas veces. Y hay días en los que no puedes ni abrir la puerta del balcón porque el viento que entra es demasiado.
Recuerdo un crucero de cinco días en el que solo pudimos salir al balcón un día. El resto hacía tanto viento que no merecía la pena. Como mucho, salir un momento en puerto. Pagamos balcón para usarlo un día. Aun así, como íbamos cuatro, al menos nos sirvió para tener el camarote bien ventilado.
Y luego está el caso de Noruega. Si me hubieran dado a elegir al reservar, habría cogido balcón, por costumbre. Hoy me alegro de que no hubiera. En un crucero por el norte, con el frío y el viento, una ventana va perfectísimamente.
Mi regla: si el destino es frío, o si tienes dudas sobre el tiempo, la ventana es una gran opción. Si es cálido, el balcón se paga solo con el primer amanecer.
¿Cómo es una suite de crucero por dentro?
No he dormido en ninguna, pero he estado dentro de dos que me dejaron con la boca abierta.
Fue en el Costa Diadema, en las suites de unos amigos. Estaban en la parte delantera del barco y eran espectaculares. Tenían una zona de salón y otra de dormitorio. Tenían un balcón abierto en el lateral. Y en la parte de delante tenían una terraza enorme, acristalada para que no entrara el viento que viene de frente, con jacuzzi. Era como tener un salón más mirando al mar. Y tenían servicio de mayordomo, que les llevaba bebidas y lo que necesitaran.
Ahí entiendes por qué hay gente que, cuando prueba una suite, ya no quiere bajar.
¿Qué incluye una suite que no tiene un camarote con balcón?
Depende mucho de la naviera, pero hay cosas que se repiten.
Primero, el espacio: los camarotes son más amplios y mejor distribuidos. Segundo, el servicio: hay más atención y más detalles. Puede parecer una tontería, pero se nota en los amenities, en los regalos y en cosas como la botella de champán al llegar. El minibar suele estar incluido y, en algunos casos, puedes pedir que solo tenga las bebidas que tú tomas.
Y en los barcos más top hay servicios que cambian por completo tu forma de viajar. Sé que los mayordomos te deshacen y te hacen las maletas, y que la lavandería está incluida. Son detalles que hacen que pienses menos en los pormenores y te centres en lo que de verdad quieres vivir.
Todo el que conozco que ha viajado en suite me dice lo mismo: no es un camarote mejor, es otro estilo de viaje.
En aquellas donde la suite te da acceso a algo más que un camarote. Y aquí, para mí, MSC lo hace mejor que Costa.
En MSC las suites están dentro del Yacht Club, y el Yacht Club es otro nivel. Es un barco dentro del barco: tiene zonas privadas con piscina, restaurante y espacios comunes solo para sus pasajeros. En algunos barcos, además de suites, el Yacht Club tiene otros tipos de camarote. Todos los que conozco que han ido en Yacht Club dicen que es mucho mejor.
En Costa, por lo que yo he visto, la parte privada es mucho más limitada. Las suites son espectaculares por dentro, como las del Diadema. Pero fuera del camarote la diferencia con el resto del barco es menor.
Si yo pagara una suite, empezaría por el Yacht Club de MSC. Es de las opciones más asequibles dentro del mundo de las suites, y ya cambia la experiencia por completo. Lo siguiente sería The Haven de Norwegian, en sus barcos nuevos, como el Prima o el Viva. En Virgin no conozco a nadie que haya ido en suite, así que no te puedo decir qué diferencia marca.
Y luego hay otra liga: navieras como Explora, donde todo el barco son suites. Ahí ya no hablamos de un camarote mejor, sino de un tipo de crucero completamente distinto. Conozco gente que ha ido, y los precios están en otro nivel.
¿Balcón o suite para tu próximo crucero?
Si ya has hecho un par de cruceros y nunca has probado una suite, mi consejo es claro: pruébala. Al menos una vez.
Pero con una condición: elige una suite en un barco donde de verdad marque la diferencia. Que los servicios que van con ella te permitan viajar mejor, no solo dormir en un camarote más grande. Pagar una suite en un barco donde fuera del camarote todo es igual es pagar metros cuadrados, no experiencia.
Es como el brócoli: hasta que no lo pruebas, no puedes decir si te gusta o no.
¿Y yo? De momento no la pago. No entra en mi presupuesto, y prefiero gastar un poco menos y viajar más. Pero es algo que quiero probar, sin ninguna duda. Todos los que lo han hecho me dicen lo mismo: cuando pruebas el lujo, no quieres bajar.
Y eso, viniendo de alguien a quien le costó años bajar del balcón a una ventana, me lo creo perfectamente.
Mientras tanto, me quedo con lo que sí sé. Que en el Caribe o en el Mediterráneo no cambio por nada abrir la puerta del balcón por la mañana y que lo primero que vea sea el mar. Y que en Noruega, una ventana con un hueco donde sentarme a trabajar mirando el agua me hizo igual de feliz.
En resumen
¿Qué diferencia hay entre balcón y suite? El balcón mejora el camarote. La suite, en la naviera adecuada, cambia el viaje: más espacio, más servicio y, a veces, zonas privadas.
¿Merece la pena el balcón? En destinos cálidos, sí. Y si viajáis tres o cuatro en el mismo camarote, ayuda mucho a ventilar.
¿Cuándo no merece la pena? En destinos fríos o con mucho viento. Ahí una ventana va perfecta.
¿Qué incluye una suite? Según la naviera: más espacio, más detalles, minibar incluido, mayordomo y, en barcos top, lavandería y ayuda con el equipaje.
¿En qué naviera merece más la pena? Donde la suite da acceso a zonas privadas, como el Yacht Club de MSC o The Haven de Norwegian.
¿Debería probar una suite? Si nunca lo has hecho, sí, al menos una vez, y en un barco donde marque la diferencia.
¿Y tú, eres de balcón, de interior o ya has probado lo de no querer bajar?
Suscríbete y recibe cada post nuevo directo en tu correo.

